Almuerzo de los sentidos 2013


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Foto de grupo: participantes y alumnado

El pasado viernes tuve la suerte de vivir uno de los almuerzos más especiales de Ciomijas, “El almuerzo de los sentidos”.

Todo comenzó hace un par de meses con la llegada de un e-mail en el que me invitaban a participar en dicho almuerzo y me solicitaban una persona de contacto.

A partir de ahí empezaron los nervios… y así llegamos al pasado viernes día 7.

La cita era el Salón Azahar, en el hotel-escuela Calamijas a las 14h30 y siendo el artífice Enrique Malagón, tutor de sala, cualquier cosa podía ocurrir.

Abrimos la puerta y el salón azahar se presentaba totalmente oscuro ante nosotras; Toñi, Silvia, Gema y yo misma. Un camino de velas eran las encargadas de guiarnos hasta el espacio en el que se intuía una mesa, con un candelabro en el centro y unas cajitas de madera con el nombre de cada una, las cuales en su interior contenían un antifaz. (propio para una sesión de espiritismo).

Sin apenas darnos cuenta, una voz nos indicaba que nos tapásemos los ojos con el antifaz que teníamos justo delante. He de decir que en estos casos, es de agradecer que las personas con las que compartes mesa sean compañeras y amigas, así la tensión y por qué no decirlo, el miedo, son más fáciles de digerir.

Y así comenzó el almuerzo.

En este caso, una “porra” como entrada, en honor a Toñi. De primero, una Paella, plato favorito de Silvia. Las albóndigas con salsa de zanahoria, receta de la madre de Gema, y las natillas de mi abuela, sin duda “el mejor de los postres”.

Entre plato y plato, cada una debía destaparse los ojos y vivir uno de los momentos más emotivos. Una proyección de imágenes de la infancia, que curiosamente no te avergüenzan, sino que te traen tantos recuerdos y sensaciones, que es inevitable que las lágrimas afloren, unido a esa sensación de creer que nadie te ve, y que hace que te dejes llevar sin importar nada más que tus sentimientos y tú.

Hasta aquí podemos pensar que no es más que un almuerzo original y quizás hasta extravagante.

Pero si al quitarte el antifaz, ves junto a tí a un violonchelista que ha sido autor de la música de fondo que has disfrutado durante todo el almuerzo, o que tras él, dos tenores del teatro lírico de Andalucía rodean tu mesa y a dos voces cantan “O sole mio”, entonces ya no es original, es espectacular, estremecedor, conmovedor, sensacional… sublime.

Desde aquí, mi más sincera enhorabuena al curso de sala y cocina por darnos uno de los mejores almuerzos vividos aquí. Su profesionalidad, hace que el silencio se apodere del espacio, que te dejes dar de comer, aunque sea difícil, que te toquen sin hacerte sentir tensa. Grandísimo trabajo.

A Carlos y Mariló por dejar su cansancio y temas personales a un lado para apoyar las locuras que les proponen y ofrecernos tan delicioso y cariñoso almuerzo.

Y como no, a Enrique Malagón, tutor de sala y gran compañero de trabajo, una persona inquieta, creativa donde las haya, que pese a no contar con tiempo, siempre está buscando la manera de sorprender, ofrecer algo diferente y que sume experiencias dignas de recordar. Gracias por un tiempo tan especial y por todo tu trabajo y tiempo invertidos. Estas cosas son las que no se olvidan, y las personas como tú, son las que una siempre quiere tener cerca.

Gracias por ser como eres Kike y por compartir tus genialidades con nosotras!!

Begoña Cerrillo Pastor

Rble. de Comunicación Ciomijas

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